PRP, organización comunista, explicó las razones de su NO participación en la Marcha Verde

 Reproducido de ciudadoriental.org      A la opinión pública nacional El Partido de la Revolución Popular no  participará en la marcha de Santiago Nuestro partido comunica a los obreros y campesinos de la República Dominicana y a la Mesa de Izquierda, su decisión de no participar en la marcha de Santiago, contra la corrupción y la impunidad, programada para este domingo 26 de marzo.

Esta decisión tiene por base la ratificación, por parte de los organizadores de dicha marcha, de la disposición anti-comunista de prohibir el izamiento de la bandera roja de la clase obrera; es decir, si los comunistas deseamos participar en la citada marcha tendríamos que hacerlo sin identidad propia.

Esa odiosa disposición se basa supuestamente en impedir que los grandes partidos acaparen, con sus símbolos y colores, las movilizaciones anti-corrupción; pero resulta que en la realidad, tales partidos, están hegemonizando el movimiento; y este predominio se ve reforzado prohibiéndoles a los comunistas el izamiento de la bandera roja, con la hoz y el martillo, de la clase obrera. De manera que los dirigentes del movimiento no están protegiendo a los partidos revolucionarios pequeños; todo lo contrario, los aíslan y los golpean.

Bandera roja del PRP ¿Dónde es que radica el nudo de esta problemática? El nudo se encuentra en la contradicción que existe entre dos políticas diametralmente opuestas, las cuales circundan el movimiento anti-corrupción. Por un lado tenemos la política burguesa y por el otro lado tenemos la política proletaria.

En la política burguesa se acantonan las expresiones partidarias más conservadoras, desde el liberalismo burgués tipo PRM hasta estamentos de la alta burguesía tipo PQDC y reductos del balaguerismo tipo PRSC.

Esas expresiones partidarias destilan abiertamente, sin sonrojo alguno, posiciones muy afines a los intereses del imperialismo norteamericano, tanto cuando se tratan problemas que ocurren en el plano internacional (actitud ante Venezuela, Bolivia y Ecuador), como cuando se ventilan asuntos que tienen que ver con la lucha popular en el plano nacional; tal es el caso de la lucha anti-corrupción.

Los “verdes” responsabilizan a Danilo Medina y al PLD de posible ruptura de la paz social Esos partidos quieren limitar la lucha anti-corrupción a los bordes del gobierno del PLD, para mantener impune los gobiernos corruptos que ellos hegemonizaron y con el fin también de impedir la profundización de la conciencia obrera respecto del origen corrupto del capitalismo.

La corrupción que arropa hoy al país dimana de la esencia misma del capitalismo. Y es que la apropiación por el capital, del plusproducto (plusvalía) generado por el obrero, marca la génesis del robo de que es víctima la clase obrera en el régimen capitalista de producción; y de hecho explica la corrupción que en sus diferentes vertientes observamos en la sociedad burguesa.

Pero los partidos conservadores hacen un esfuerzo inaudito para presentar ante la clase obrera, que es el danilismo la fuente de la corrupción y excluyen al capitalismo, poniendo al desnudo su carácter pro-capitalista.

La burguesía opositora quiere crear la sensación de que el problema central dominicano se expresa en la existencia del gobierno del PLD; de modo que una vez salgamos del PLD, nuestros males se verían superados.

Difunden la tesis de que fomentar la lucha de los obreros en contra de los capitalistas no unifica al pueblo en la actual coyuntura; que lo revolucionario es luchar por la inclusión de los excluidos, luchar contra la corrupción y la impunidad (alegaba el dirigente del PRM, Roberto Fulcar, el 21 de marzo del presente año 2017, en la circulación de la revista Unidad Marxista, que dirige el profesor Mario Bonetti, en la Biblioteca Pedro Mir), etc., etc.

Esas tesis de la política burguesa en el aspecto formal lucen muy coherentes y bien concebidas; pero la dialéctica materialista nos enseña que en el debate de las ideas debemos ir de la forma al contenido y del fenómeno a la esencia.

Constituye un ardid de parte del PRM mostrar ante el pueblo oprimido que el problema es el PLD en el gobierno, porque de este modo excluye de responsabilidad al régimen capitalista de producción prevaleciente en la República Dominicana, y abona el camino para la sustitución del actual gobierno burgués, por otro gobierno burgués, con el fin de reciclar el sistema capitalista.

He allí, indudablemente, la pretendida obtención de un objetivo claramente contrarrevolucionario y engañoso, pues hace creer a los obreros que la sustitución del danilismo por otro “ismo” esencialmente burgués, garantiza el salto al reino de la democracia, la libertad y el bienestar económico, cuando en realidad no hay tal salto sino un espejismo que oculta la realidad del dominio de la burguesía sobre el proletariado. Es de este ardid, del cual se ha dado cuenta el PRP, que se vale la política burguesa que dirige el movimiento anti-corrupción y que, por tanto, lo combatimos con firmeza y arrojo proletarios.

Sentimos mucha pena por nuestros trabajadores dominicanos que van a esas marchas, al margen de su identidad, es decir, sin la bandera roja del proletariado internacional, bajo el signo de la política burguesa para que sus verdugos los dirijan y los lleven al callejón sin salida del capitalismo.

En la política proletaria nos alojamos pequeños núcleos marxistas, de reciente formación, pero que sin embargo tenemos la clara conciencia de que no seguiremos siendo cola de la burguesía; y es que la burguesía y el proletariado son dos clases sociales antagónicas. Las organizaciones proletarias no deben entregarse en brazos de la clase social burguesa, puesto que rehusarían a cumplir su misión histórica. Estamos conscientes de que en todos los movimientos de masas, en todos los frentes de lucha, se presentará la contradicción entre la burguesía y el proletariado por la dirección. La burguesía quiere dirigir los movimientos de masas para llevarlos hacia el fortalecimiento del capitalismo, en cambio el proletariado los quiere dirigir para finalmente enrumbarlos hacia la revolución. Ambas clases sociales tienen caminos antagónicos.

Naturalmente, como los objetivos de la burguesía se conectan con el fortalecimiento del capitalismo, un régimen de oprobios y explotación, esta clase social y los partidos que representan sus intereses, esconden sus verdaderos propósitos para engañar a los obreros. Vocifera: “Estos son movimientos apartidistas; no está permitido izar banderas partidistas; nuestra bandera es la dominicana”. Claro, las expresiones partidarias burguesas no claman por el izamiento de las banderas partidistas, puesto que las de ellas se encuentran completamente desprestigiadas. Imaginémonos a los militantes del reducto del balaguerismo movilizándose en una marcha popular con la bandera colorá con la esfinge de Balaguer y del gallo. Este lienzo nos recordaría el gobierno asesino de Balaguer. Igualmente la bandera del PRM nos recordaría la bandera blanca del PRD y sus gobiernos entreguistas repletos de corrupción.

Mas, como los objetivos del proletariado se conectan con el fortalecimiento de la lucha revolucionaria tras la libertad, la democracia, el socialismo y el comunismo, esta clase social y su partido, el partido proletario, exponen con singular nitidez sus propósitos emancipadores y clama: “Los movimientos de masas no están exentos del partidismo, pues la sociedad burguesa se encuentra irremediablemente dividida en diferentes clases sociales, algunas de las cuales desarrollan contradicciones antagónicas entre sí y estas clases sociales, que a su vez tienen partidos políticos que representan sus intereses, no hacen más que empapar tales movimientos con sus ideas e intereses, por tanto, es legítimo y justo que las clases sociales oprimidas participen en los citados movimientos con sus colores propios, con sus propias banderas”.

El proletariado enarbola con orgullo su bandera roja con la hoz y el martillo, consciente de que es una bandera gloriosa legada por el movimiento histórico del proletariado internacional en la pujanza de la Comuna de París, en la revolución socialista soviética, en el triunfo de la revoluciones china, vietnamita, cubana y otras, y en el martirologio de centenares de comunistas dominicanos caídos en la lucha proletaria desde la época de Trujillo. No tenemos, pues, que sentirnos avergonzados de izar la bandera roja del proletariado.

La política proletaria admite que el punto que unifica el movimiento de masas en la coyuntura en desarrollo es el referido a la corrupción y la impunidad y establece también que el régimen capitalista dominicano, en estos momentos, tiene su expresión concentrada, en el aspecto del poder político, en el gobierno corrupto danilista, por tanto, para combatir concretamente al capitalismo dominicano, tenemos que pasar por el combate intransigente al gobierno danilista. Nuestra diferencia fundamental con la política burguesa consiste en que el PRP no se queda en la necesidad del desplazamiento del danilismo, sino que educa a los obreros respecto a que debemos de sustituirlo, no por un gobierno igualmente burgués, sino por un gobierno en el que los obreros y los campesinos sirvan de zapata al mismo y el partido proletario ejerza plenamente la dirección, rumbo al socialismo y al comunismo.

Que el polo burgués engañe, sin sonrojo, a la clase obrera, no nos debe sorprender; lo que sí genera pena es que partidos comunistas, como el PCT, ya no sólo preconizan alianzas con la burguesía liberal, abiertamente contrarrevolucionaria, desde una posición subalterna, sino que procede a aceptar la disposición de que los comunistas no enarbolen la bandera roja del proletariado en las marchas del movimiento anti-corrupción. Ya esto es algo inaudito que nos obliga a relanzar la polémica con el PCT, sin incurrir en ofensas y excesos, con el debido respeto, pero firme en la defensa de los principios revolucionarios del marxismo-leninismo, hoy adulterados y agredidos, con todas esas claudicaciones y postraciones ante la burguesía.

En la confrontación política, ideológica y teórica, que evidentemente existe en el movimiento anti-corrupción, entre la política burguesa y la política proletaria, el PCT ni siquiera asume una posición “neutral”, sino que se precipita raudamente hacia la política burguesa, comulgando con ésta en un afán de aislar al PRP del movimiento anti-corrupción y golpearlo políticamente.

No es justo que todas esas barbaridades se hagan en nombre del marxismo-leninismo y se diga que Lenin hizo esto o que hizo aquello. Es una monstruosidad lo que está haciendo el PCT con todas esas alianzas con la burguesía dizque para enfrentar al gobierno del PLD. Los comunistas estamos de acuerdo en la necesidad de desplazar, desde el punto de vista revolucionario, al gobierno corrupto de Danilo Medina, pero conservando los principios de la doctrina marxista. En la demolición del gobierno actual es casi seguro que participen tanto sectores burgueses como el proletariado; mas, éste no tiene que entregarse en brazos de aquéllos, pues el proletariado tenderá a demoler el danilismo con el interés de que se efectúe en el marco de la revolución democrática en transición al socialismo, mientras la burguesía tenderá a demolerlo con el interés de que se efectúe en el marco de la revolución burguesa al margen de una perspectiva socialista. El PCT no aclara debidamente esta situación, por lo que se desliza hacia una posición que embota la precaria conciencia socialista del proletariado dominicano.

¿Cuál es la perspectiva del movimiento anti-corrupción? Es poco probable que tenga una perspectiva revolucionaria si no cambiamos la correlación de las clases sociales en lucha en su interior. El polo burgués es dominante, desde el punto de vista político-ideológico; el polo proletario no solamente es un polo dominado, sino que es imperceptible.

Naturalmente, que no tenga una perspectiva revolucionaria en los actuales momentos, no quiere decir ello que no existan posibilidades de que dicho movimiento obligue a Danilo Medina a abdicar. Este escenario se podría verificar y entonces se podrían desatar factores que escapen de los linderos a que los somete la dirección burguesa, sobre todo si las masas hambreadas se vuelcan a las calles con una orientación revolucionaria. Es por este escenario que tenemos que luchar los comunistas y empujar el movimiento por el carril del cambio revolucionario. En este escenario la burguesía opositora pujará por la sustitución de Danilo para ella pasar a gobernar. El proletariado y su partido comunista deben pujar por la sustitución de Danilo, por un cambio revolucionario que tienda hacia un gobierno de obreros y campesinos.

La burguesía dirá: “Estos comunistas son ilusos, son tres gatos y están hablando de un gobierno de obreros y campesinos”. Nosotros replicamos: “Es nuestra aspiración, la cual es completamente opuesta a la vuestra. En esta etapa y en la fase monopólico-imperialista que vive el régimen capitalista de producción, muy especialmente a partir de los albores del siglo XX, nosotros no tenemos que abogar por un gobierno burgués. No señor. Abogamos por un gobierno de obreros y campesinos, para luego ir hacia un gobierno proletario”.

Estas ideas deben ser profundizadas. El polo burgués, en la práctica, le teme a la movilización popular. Si bien es cierto que hasta ahora ha estado de acuerdo con la marcha del 22 de enero y con la marcha del 26 de marzo, lo hace con la intención de obligar a Danilo Medina a otorgarle algunas concesiones que permitan elecciones menos desiguales en el 2020. Sería una ingenuidad pensar que la burguesía llevará la movilización de las masas hasta las últimas consecuencias. En estas circunstancias el PRP deberá proceder a desenmascarar esta táctica y alentar a las masas para que se mantengan movilizadas y mantener la línea de desplazar a Danilo Medina girando hacia el cambio revolucionario.

El desarrollo de la coyuntura y, en particular, el interés de la burguesía por reducir la política proletaria a su mínima expresión, ha precipitado al PRP a un escenario complicado que desborda su capacidad orgánica. La resistencia proletaria al dominio táctico burgués, en el movimiento anti-corrupción, emana casi exclusivamente del PRP, un partido extremadamente joven y de escasa militancia; pero el PRP es tal vez el único partido marxista del país que consta de una plataforma política completa y actualizada fundamentada en la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo, por consiguiente tendremos que asumir la responsabilidad que nos está asignando la historia. ¡Demos el paso sin temor!

Nuestro comportamiento en estos momentos debe tomar en cuenta los siguientes elementos:

1. Participar en actos del movimiento anti-corrupción que no impliquen capitulación ante el polo burgués que lo dirige; en este sentido todos nuestros camaradas y amigos, vinculados con organizaciones de masas, debemos de participar con entusiasmo en la Asamblea Nacional Popular el domingo 02 de abril a las 9:00 A.M., en el Paraninfo de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FCES) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). El señor Héctor Turbí, uno de los convocantes de dicho evento, nos merece mucho respeto por su trayectoria progresista.

2. Desarrollar iniciativas y actividades que cubran sectores populares, pero en pequeñas dimensiones, como fue la marcha desarrollada en el municipio de Navarrete el 19 de marzo.

3. Practicar la unidad de acción con grupos revolucionarios que estén dispuestos a impulsar el movimiento anti-corrupción en estrecha relación con el movimiento obrero-campesino y que no mutilen los derechos de los comunistas, especialmente el relativo a participar con sus símbolos propios en el movimiento anti-corrupción.

4. Conjugar la participación en la coyuntura con los trabajos destinados a formar nuevas células del PRP en todo el territorio nacional y fundirnos con pequeños grupos revolucionarios.

Buro Político del Comité Central

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