Día de la Victoria (1941-2021)

El 9 de mayo se conmemora el 80 aniversario del Día de la Victoria, día en que toda la humanidad brinda un solemne homenaje a todos aquellos que dieron su vida luchando en la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo. Especial reconocimiento en este día, se dedica a la proeza del Ejército Rojo y de todo el pueblo soviético, que en heroico combate, después de largos años de encarnizada lucha contra la crueldad del invasor; alcanzó la tan anhelada victoria, liberando no sólo su territorio de la devastadora máquina fascista, sino a toda la humanidad.

Gracias a la inquebrantable tenacidad, el coraje y el heroísmo de soldados y obreros, de hombres y mujeres, de todo el pueblo soviético,  se logró el triunfo sobre la maquinaria bélica más poderosa en ese entonces, ese aparato militar que fue alimentado por las oligarquías de las potencias capitalistas, que engordaban al monstruo para luego echarlo sobre la Unión Soviética, en una jugada criminal para terminar con la experiencia del socialismo real.

La grandeza de los pueblos soviéticos en la Victoria sobre el nazi-fascismo.

La Gran Guerra Patria se inició con la invasión nazi de la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, y culminó con la caída de Berlín el 3 de mayo de 1945 a manos del Ejército Rojo, llegando a ser la mayor confrontación armada en la historia de la humanidad. En una impresionante línea de frente que se extendía desde el Mar de Barents en el Norte hasta el Mar Negro en el Sur, peleaban desde ambos lados entre 8 y 12 millones de personas en diversos períodos, de 5.000 a 20.000 carros de combate y sistemas de artillería autopropulsados, de 150.000 a 320.000 cañones y morteros, y de 7.000 a 19.000 aviones. Ninguna otra guerra había alcanzado tamaña envergadura o concentración de materiales bélicos.

Inmediatamente después de comenzar la guerra, los Gobiernos de Gran Bretaña y EE UU manifestaron su apoyo a la Unión Soviética en su lucha contra el nazismo. En octubre de 1941, se firmo un acuerdo tripartito sobre el suministro de armas, material de guerra y materia prima estratégica al Ejército Soviético. Los primeros suministros arribaron en 1941, pero el grueso correspondió a los años 1943-1944. Según datos de la revista “América”, entre 1941 y 1945, EE UU envió a la URSS 14 mil aviones, 6,2 mil carros blindados, 1,8 mil piezas de artillería autopropulsadas, etc., en total por casi 11 mil millones de dólares.

A los suministros en cuestión les correspondió el 4 por ciento de toda la producción militar de la URSS. A su vez la URSS le envió a EE UU 300 mil toneladas de mineral de cromo y 32 toneladas de mineral de manganeso, así como platino, pieles preciosas y otros artículos valiosos.

En 1942, la URSS, Gran Bretaña y EE UU acordaron abrir el Segundo Frente en Europa Occidental, sin embargo el plan sólo fue realizado en junio de 1944, con el desembarco en Normandía (Francia) de tropas inglesas y estadounidenses. La apertura del Segundo Frente permitió distraer cerca de 560 mil efectivos alemanes desde le Frente del Este lo que en cierta medida contribuyó a acelerar la derrota definitiva de la Alemania nazi. No obstante, las batallas decisivas continuaron librándose en el frente soviético-alemán. Sólo en la etapa final de la guerra, en el frente soviético-alemán operaban 214 divisiones, de las cuales 34 de tanques y 15 motorizadas, al tiempo que en frente occidental contra las tropas anglo-estadounidenses se concentraban sólo 60 divisiones, incluyendo 5 de tanques.

En reiteradas ocasiones el gobierno soviético solicitó a sus “aliados de occidente” que abrieran el Segundo Frente, estos haciendo oídos sordos a esa necesidad prefirieron prolongar la mortandad, hasta que se hizo evidente la victoria soviética.

No obstante, la estrategia comunicacional nos relata que las principales potencias vencedoras fueron Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, minimizando el rol de la Unión Soviética y en muchas ocasiones distorsionando o directamente falseando los datos históricos. La Unión Soviética se menciona cuando es inevitable y, sin embargo, los datos históricos objetivos nos revelan el papel extraordinario y decisivo que jugaron los pueblos que conformaron la antigua Unión Soviética y su ejército en la derrota definitiva del fascismo.

La Unión Soviética contribuyó más que ninguna otra potencia a la derrota de Hitler por al menos dos razones fundamentales. En primer lugar, porque tuvo el mayor peso de la guerra contra Alemania y porque fue con la derrota del Sexto Ejército Alemán por el Ejército Rojo en la batalla de Stalingrado, cuando se produjo el punto de inflexión que selló el curso de la contienda. En segundo lugar, fue la Unión Soviética la potencia que mayor cantidad de víctimas sufrió hasta la finalización de la Guerra. El costo en vidas humanas, militares o civiles, nos da una medida del esfuerzo global.

De acuerdo a fuentes occidentales, el número de víctimas por país sería el siguiente:
Unión Soviética, 25,568,000; China, 11,324,000; Alemania, 7,060,000; Polonia, 6,850,000 (menos de la mitad eran judíos); Japón, 1,806,000; Yugoslavia 1,700,000; Rumania, 985,000; Francia, 810,000; Hungría, 750,000; Austria, 525,000; Grecia, 520,000; Italia, 410,000; Checoslovaquia, 400,000; Gran Bretaña, 388,000; Estados Unidos, 295,000; Holanda, 250,000.

Las víctimas de la Unión Soviética ascendieron realmente a 27 millones (sin contar desaparecidos y heridos), lo cual significa que murieron 91.5 veces más rusos que estadounidenses; 69 veces más rusos que ingleses; y 33.3 veces más rusos que franceses.

Por supuesto que no se trata de una competencia de sumar muertos y más muertos, no obstante es indigno destacar sólo el holocausto judío, que por cierto nadie lo pone en duda, dejando al olvido los casi 6 millones de soviéticos que perdieron sus vidas en los campos de concentración nazi, los tantos más que fueron asesinados vilmente al marchar las tropas nazis por ciudades y pueblos de la Unión Soviética, sin nombrar a los millones de soldados del Ejército Rojo y partisanos que dejaron su vida en los campos de batalla. De esta manera se pretende ocultar la verdadera intención del fascismo de destruir la Unión Soviética y de acabar para siempre con el comunismo. No podemos olvidar tampoco a los polacos, yugoslavos, gitanos, cuyo número de muertos ni siquiera se menciona, como si fuesen seres humanos de segunda clase no dignos del duelo y del recuerdo.

El pueblo soviético cargó con el peso principal durante la Segunda Guerra Mundial, fueron colosales las bajas sufridas por él. El mayor número de los perecidos no correspondió a los militares que tomaban parte directa en las operaciones de combate, sino a los civiles, a la población pacífica del país. De los 5,7 millones de soldados y oficiales hechos prisioneros, 3,3 millones murieron de hambre, frío y torturas. En el territorio de la URSS, como resultado de los bombardeos, combates y crueles condiciones del régimen de ocupación fallecieron o fueron exterminados 11 millones 520 mil personas. Fueron llevados a Alemania, para realizar trabajos forzosos, 5,3 millones de personas, de los que regresaron con vida 2,6 millones, los otros murieron a causa del mal trato y difíciles condiciones de vida.

La Gran Guerra Patria la libraron todos los pueblos de la Unión Soviética, indistintamente de sus nacionalidades y creencias religiosas. Al Ejército Rojo se movilizaban ciudadanos de todas las nacionalidades, ellos combatían en los frentes por una patria común.

A la par con las ingentes pérdidas humanas, a la Unión Soviética le fueron ocasionadas colosales bajas materiales. Ningún otro país del mundo en toda su Historia ni durante la Segunda Guerra Mundial sufrió tales pérdidas ni destrucciones tan bárbaras.

Hacia finales de 1941, Alemania ocupó un territorio en que antes de la guerra vivía un 40 por ciento de la población de la Unión Soviética, se encontraban el 47 por ciento de las áreas de sembradío, se fabricaba más del 30 por ciento de toda la producción industrial, se generaba más del 40 por ciento de la energía eléctrica, se extraía el 63 por ciento del carbón y se producía el 68 por ciento del hierro fundido, el 58 por ciento del acero y el 84 por ciento del azúcar.

El daño directo ocasionado por la guerra a la economía de la URSS alcanzó casi una tercera parte de toda la riqueza nacional. Fueron destruidos 1.710 ciudades y centros poblados de tipo urbano (el 60 por ciento del total), más de 70 mil aldeas, 32 mil empresas industriales, cerca de 6 millones de edificios, 25 millones de personas perdieron sus viviendas. Fueron matados o llevados a Alemania 7 millones de caballos, 17 millones de cabezas de ganado vacuno, 20 millones de cerdos, 27 millones de ovejas y cabras. Las áreas sembradas disminuyeron en 36,8 millones de hectáreas.

Durante la Gran Guerra Patria fue robada una inmensa cantidad de valores culturales. Los ocupantes nazis robaron 564.700 obras de arte y unos 100 mil monumentos arqueológicos, liquidaron o se llevaron 180 millones de libros. Según ciertos cálculos, el costo total de los valores culturales perdidos por nuestro país excede 230 mil millones de dólares (según la cotización actual).

Bajo la dirección del Comité Nacional de Defensa, se llevó a cabo la evacuación de empresas y fábricas y la puesta del sector económico civil sobre los rieles de la guerra. De las zonas adyacentes a los frentes fueron evacuadas a las regiones del Volga, los Urales, Siberia, Asia Central y Kazajstán 2593 empresas, incluidas 1523 grandes (entre éstas últimas figuraron 94 plantas metalúrgicas, 150 fabricas de construcción de maquinaria y 40 de instrumental eléctrico). En total, a las regiones orientales de la URSS se dirigieron unos 1,5 millones de vagones en que iba gente y máquinas, fueron evacuados más de 10 millones de personas.

Durante todo el período de la Gran Guerra Patria, la industria de guerra de la URSS fabricó 482,2 mil piezas de artillería, 351,8 mil morteros, 102,8 mil carros blindados y piezas de artillería autopropulsadas, 112,1 mil aviones de combate, 70 buques de guerra de las principales clases, así como infinidad de armas portátiles y municiones.
Otra de las estrategias esgrimidas para minimizar la victoria de la Unión Soviética, con su Partido Comunista a la cabeza, es la de satanizar a Stalin, igualándolo a Hitler. Independientemente de la apreciación histórica de los graves errores cometidos por Stalin en la conducción de la construcción de la sociedad soviética, provocando daños a su pueblo y a las mismas ideas del comunismo, es innegable su impresionante liderazgo y capacidad de cohesionar a un pueblo entero bajo las banderas de la defensa de la patria socialista y de la liberación del mundo del fascismo y de movilizar y articular la defensa tanto en el frente como en la retaguardia. Querer borrar el nombre de Stalin y el rol del Partido Comunista de la memoria de los pueblos, es intentar despersonalizar la victoria y desconocer los factores decisivos que condujeron a ella, como es el grado de organización, la fortaleza ideológica, el heroísmo masivo, la disciplina laboral, entre otros.

Otros argumentos recurridos para menospreciar la valentía y heroísmo de los soldados del Ejército Rojo, el dominio del arte militar de sus oficiales, la capacidad organizadora del partido e instituciones del estado y la supremacía de la economía de guerra soviética, es el rol del invierno como factor decisivo del fracaso de la operación militar fascista, como si el frío, la nieve y otras condiciones climáticas no fuesen también adversas a las tropas soviéticas.

El camino del Ejército Rojo hasta Berlín no fue fácil, sólo para la defensa de Berlín, los alemanes concentraron una gran agrupación, compuesta por el grupo de ejércitos “Vístula”  y “Centro”, al mando del coronel general Gothard Heinrizi y del general mariscal de campo Ferdinand Schörner, respectivamente. La agrupación contaba con un millón de efectivos, 10.400 piezas de artillería y morteros, 1.530 carros blindados y cañones de asalto y más de 3.300 aviones. En las orillas occidentales del Nesse y el Oder fueron creadas tres franjas fortificadas de 20 a 40 kilómetros de profundidad. La zona de defensa de Berlín se componía de tres anillos de fortificaciones, todos los edificios grandes de la ciudad fueron convertidos en puntos de apoyo, las calles y plazas estaban cerradas por barricadas.

Para desarrollar la ofensiva en dirección de Berlín, los altos mandos soviéticos concentraron 19 Ejércitos de tierra (incluidos dos polacos), cuatro Ejércitos de carros blindados y cuatro Ejércitos de aire, en total 2,5 millones de efectivos, 41.600 piezas de artillería y morteros, 6.250 carros blindados y piezas de artillería autopropulsadas y 7.500 aviones.

Según el plan de la operación de Berlín, se preveía asestar varios golpes macizos en un amplio frente con el fin de desarticular la agrupación defensiva del adversario, cercarla y destruirla parte tras parte. El enemigo rodeado oponía una encarnizada resistencia. A partir del 21 de abril, día en que unidades del Ejército Rojo irrumpieron en Berlín, y hasta el 2 de mayo en las calles de Berlín se desarrollaban incesantes combates.

El Reichstag fue tomado en la noche del 30 de abril, y en su punto más alto flameaba la Bandera de la Victoria. Aquel mismo día Hitler se suicidó, dejando testamento sobre la composición del nuevo Gobierno. El 1-ro de mayo, el nuevo Gobierno delegó parlamentarios, dirigidos por el general de infantería Hans Krebs, jefe del Estado Mayor General, para entregarle a la parte soviética la propuesta sobre el cese provisional de las operaciones de combate, firmada por Martin Bormann y Paul Josef Goebbels. La URSS exigió la capitulación incondicional. La exigencia fue rechazada, en relación con lo cual en la tarde del 1-ro de mayo las tropas soviéticas lanzaron un fuerte ataque de artillería y aviación y reanudaron el asalto. El 2 de mayo por la mañana los restos de la guarnición de Berlín quedaron divididos en grupos aislados y hacia las 3 de la tarde se entregaron, junto con el jefe de la defensa de la ciudad, el general Helmut Weidling. El 8 de mayo, los altos mandos alemanes, con Wilhelm Keitel a la cabeza, firmaron el acta de la capitulación incondicional de Alemania.

La derrota de las tropas enemigas por el Ejército Rojo en Berlín y la captura de Berlín fueron el acto final en la lucha contra la Alemania nazi. La operación de Berlín – una de las mayores operaciones de la Segunda Guerra Mundial, al igual que en batallas anteriores, en la operación de Berlín, los soldados soviéticos demostraron una gran habilidad, coraje y heroísmo..

Roberto Muñoz

Por admin

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